Estamos iniciando el año y me imagino que cada uno de nosotros anhela que este 2018 sea de bendición. Personalmente creo que las veces que he experimentado mayor satisfacción en Dios es donde he visto mayor gloria de su parte sobre mi vida, familia y ministerio. Éste es el motor que impulsa mi vida. Afecta todo lo que hago. La palabra de Dios dice así:

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31

Esta motivación hace que todos los deseos del corazón sean satisfechos. Si Cristo no es la satisfacción de nuestros corazones, ¿podríamos pronunciar las palabras:

“Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.” Juan 6:35

Cuando nuestra vida se enfoca en que todo lo que hacemos es para la gloria de Dios es indudable que NOS SENTIREMOS PLENOS. Jesús utiliza dos elementos, pan y agua, para graficar una verdad espiritual de lo que significa la plenitud en Él. ¿Exaltaríamos las bondades del pan que esta en exhibición en una vitrina de una panadería? ¿O se expresaría de mejor forma cuando lo estoy comiendo y eso produce satisfacción en mí? ¿Exaltamos las bondades del agua de un manantial en la montaña, que es refrescante, o cuando la vemos correr por los ríos, o más bien se expresan esas bondades cuando siento sed, poniéndonos de rodillas y bebiéndola? Ciertamente podemos experimentar la satisfacción y plenitud en Cristo cuando tenemos esa intimidad que produce en nosotros que nunca mas tengamos hambre y nunca más tengamos sed. Todo está en experimentar DELEITE en Él. Podríamos iniciar este año con esto en mente, antes de colocar nuestras peticiones para el 2018:

“37:4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 37:5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.” Salmo 37:4-5

I. DELÉITATE EN DIOS

¿Qué significa deleitarnos?
En el original, la palabra deleitarse proviene de la palabra hebrea ANAG que significa suave o maleable. En primera instancia significa dejarme moldear por el Señor:

“¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.Jeremías 18:6

Para que Dios pudiese explicar el proceso que tenía su pueblo, llevó al profeta Jeremías a observar el trabajo de un alfarero. La manera en que el artesano forma, pule, destruye y vuelve a construir nos da a entender de que para Dios todo tiene una razón de ser. Las circunstancias que vivamos están sujetas a la voluntad de Dios. No puedo pensar en deleitarme si me presento con un corazón rígido para con Dios, queriendo que Dios siempre haga lo que yo quiera. El mandato y la promesa son claros: deleitémonos en el Señor y Él concederá las peticiones de nuestro corazón, NO NUESTROS CAPRICHOS.

En segundo lugar, la palabra ANAG tambien significa felicidad. Deleitarme significa ser feliz. Estar en los caminos de Dios deberían ser causa de gozo, no de vergüenza ni tampoco debería representar una carga. No puedo decir que me deleito en algo o en alguien si no le dedico tiempo. Deberíamos experimentar felicidad de servir a Dios. Una manera de entender esto es revisar mi actitud respecto a mi relación con Dios y sus negocios:

a. Gozarme en su salvación:

“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.” Isaías 61:10

b. Gozarme en asistir a la casa del Señor:

“Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos.” Salmo 122:1

c. Gozarme en servir a Dios:

“Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo.” Salmo 100:2

En tercer lugar, la palabra ANAG tambien significa dulce y sabroso. Es interesante que este significado guarda relación una gran cantidad de veces con los mandamientos de Dios y su Palabra. La Biblia nos recuerda:

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.” Salmo 119:103

Entonces, dejémonos moldear por Dios, seamos felices en sus caminos y que la dulzura de su palabra llene nuestra vida cada día y el nos concederá las peticiones de nuestro corazón. Servir a Dios con deleite es la manera de glorificar a Dios. ¡El deleite en Dios es nuestro deber, no una sugerencia! Estar satisfechos en Dios no es una añadidura opcional en lo que se refiere al deber cristiano. Es la demanda más básica de todas:

“Deléitate asimismo en Jehová” (Salmo 37:4) “Sirve a Jehová con alegría” (Salmo 100:2) “Regocijaos en el Señor siempre” (Filipenses 4:4).

Esto quiere decir que lo que satisface nuestras vidas no son los regalos de Dios sino la gloria de Dios—la gloria de su amor, la gloria de su poder, la gloria de su sabiduría, santidad, justicia, bondad y verdad. Por algo el salmista, Asaf, exclamó:

“¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre.” Salmo 73:25-26.

Nada en la tierra—ninguno de los buenos regalos de la creación de Dios—podía satisfacer el corazón de Asaf. Sólo Dios podía. Esto es lo que David quiso decir cuando le dijo al Señor:

“Tú eres mi Señor; ningún bien tengo fuera de ti.”  Salmo 16:2.

David y Asaf nos enseñan, a través de sus propios deseos enfocados en Dios, que los regalos de Dios como la salud, las riquezas y la prosperidad no satisfacen. Sólo Dios lo hace.

Sería presuntuoso no agradecerle al Señor por sus regalos (“Y no olvides ninguno de sus beneficios,” Salmo 103:2); pero sería idolatría llamar a la alegría que éstos nos dan, amor a Dios.

Cuando David dijo al Señor: “en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra, deleites para siempre.” (Salmo 16:11), quiso decir que acercarse a Dios mismo es la única experiencia en el universo que nos da completa satisfacción. No son los regalos de Dios por lo que David suspira. Más bien su profunda petición ante el Señor es:

“Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente.” Salmo 42:1-2.

Sólo Dios puede satisfacer un corazón como el de David. Y David fue un hombre según el corazón de Dios. Nosotros hemos sido creados de la misma forma. Ésta es la esencia de lo que significa amar a Dios —estar satisfechos en él. Amar a Dios incluirá obedecer todos sus mandamientos; incluirá creer toda su palabra; incluirá agradecerle por todos sus regalos; pero la esencia de amar a Dios es disfrutar todo lo que Él es. Increíblemente GLORIFICAR A DIOS en esencia es cuando NOS DELEITAMOS EN ÉL.

Una pregunta a tu corazón: en el matrimonio ¿que enriquece más una relación? ¿el deber o el compañerismo? Sin duda el compñerismo, la complicidad, el amor, el disfrutar de las pequeñas cosas. Dios es más glorificado en nosotros cuando nosotros estamos más satisfechos en él, y esa satisfacción solo se encuentra teniendo una relación profunda y cercana.

Ninguno de nosotros ha llegado a la perfecta satisfacción en Dios, así que un buen desafío para este nuevo año es expresar y vivir lo que decía David:

“Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo.” Salmo 27:4

II. DIOS CONCEDE LAS PETICIONES A UN CORAZÓN QUE SE DELEITA EN ÉL

Primeramente hablemos de las peticiones de nuestro corazón:

No debemos confundir las peticiones del corazón con los caprichos del corazón humano. ¿Qué es un capricho? según el diccionario un capricho es deseo que no está basado en una razón lógica, sino en un antojo pasajero. El Salmo 37 no esta hablando de nuestros caprichos, de esos antojos pasajeros. ¿Cuáles son entonces las peticiones del corazón de las que el salmo 37:4 nos habla? Son aquellas peticiones que nacen de un corazón transformado:

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36:26

Son esas peticiones guiadas por el Espíritu Santo de Dios en nuestra vida:

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Romanos 8:26

Son esas peticiones del corazón que están conforme a la voluntad del Señor:

“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.” 1 Juan 5:14

III. REFLEXIÓN FINAL

Hace poco leía un reportaje sobre el suicidio de varios pastores en Brasil, mucho de ellos con problemas de estrés y depresión. El ministerio vino a ser una suerte de competencia y carga que no pudieron soportar y las consecuencias las pagaron ellos y sus familias. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? La respuesta parece obvia: en alguna parte del camino se acabó el deleite en Dios.

Nuevamente es tiempo de reflexionar cual debería ser la motivación para iniciar nuestro añoo. A veces venimos con una lista de peticiones a Dios, mas nos interesa poco tener una comunión cercana con Él. Nos interesa mas sus manos, quizás no tanto su rostro. Nos interesa nuestra agenda, quizás no tanto su voluntad. Podemos descansar en su promesa: Él concederá las peticiones de nuestros corazones, pero también no hagamos caso omiso a su mandato: DELÉITATE EN MÍ.

 

Escrito por Pr. Juan Levill.