A la hora de hablar de Pentecostés, como pueblo-iglesia pentecostal, tendemos a
asociar esta importante fiesta judía como algo exclusivo del cristianismo, que da inicio a
la fuerza evangelizadora de la iglesia. Sin embargo y aunque hemos construido
fundamentos teológicos para aquello, siempre es prudente reflexionar tanto en el origen
de la fiesta como el de la iglesia para encontrar en ellos un aporte comunitario que nos
lleve ser parte de una nueva alianza entre Dios y su pueblo.
Como breve reseña, el Pentecostés, como fiesta judía, se encuentra íntimamente
relacionada con la Pascua y da al pueblo los fundamentos de salvación y liberación de
Egipto. Pentecostés significa literalmente cincuenta; era los días que debían pasar,
posteriores a la pascua, para celebrar una fiesta agrícola de la cosecha de trigo (Ex 23,
16). Sin embargo, su connotación cambió a partir del s. V a.C. en el destierro en
Babilonia y pasó a representar la alianza en el Sinaí entre Dios y el pueblo en plenitud,
según el relato descrito en Éxodo 19 (Cahiers Evangile, 1991). Pentecostés era tan
significativa que peregrinos de todas partes hacían su procesión al lugar dedicado por
excelencia: el Templo en Jerusalén. A su vez fue la fiesta más próxima luego de la
muerte y resurrección de Jesús, transformándose en la base de la naciente iglesia para la
proclamación de lo que Dios había hecho en Jesús tras la bendición carismática del
Espíritu Santo (Brown, 2002).
Por otro lado, la Iglesia (ekklesia) hereda su nombre de una palabra griega que
ya era usada cinco siglos antes de que en el NT se mencionara con relación a la
agrupación de cristianos. Herodoto y Platón ya la utilizaban principalmente en Atenas
donde se hacía referencia a una convocatoria de dirigentes que se juntaban hasta
cuarenta veces en el año. El sustantivo ekklesia significa literalmente la colectividad de
los llamados. En el NT aparece 114 veces, de las cuales, Pablo es quien usa este término
con mayor frecuencia (62 veces). También se le da un uso político en el NT (Hch.
19:32,41), donde ekklesia se refiere a los ciudadanos airados que se reunieron en Éfeso
para protestar contra Pablo. En la gran mayoría de pasajes del NT, ekklesia se emplea
como término cristiano característico y su correcta traducción es comunidad o asamblea
de la comunidad (Balz, 2005). Para Pablo Deiros “el concepto más difundido en las
primeras comunidades cristianas era el de entender a la Iglesia como la familia o casa
(oikos) de Dios” (Deiros, 2005).
Ahora bien y teniendo en consideración estas dos breves descripciones sobre
Pentecostés e Iglesia, es posible notar que el relato de Hch 2, 1-2 es el inicio de una
nueva alianza con un nuevo pueblo que se encuentra en su plenitud, unánimes y juntos,
de la misma forma en que se encontraba Israel a los pies del Sinaí. Lo descrito por
Lucas al comienzo del cap. 2, trae a memoria los eventos mencionados en Éxodo 19
donde el pueblo en pleno se preparó y estuvo listo para el encuentro con su Dios y
escuchar sus palabras; el sonido de un viento tempestuoso y de las lenguas de fuego son
imágenes que presentan al pentecostés de Jerusalén como un evento único donde Dios
realiza un nuevo pacto para que este nuevo pueblo, la iglesia, sea realmente suyo

(Brown, 2002) dando así mayor importancia a este nuevo pentecostés por la inclusión
de todas las naciones de la tierra a la iglesia, el Espíritu es la fuerza vital que la mueve y
además habita en ella.
Así, junto con representar una nueva alianza, el Espíritu empodera a esta nueva
asamblea para ser testigos del reino en Jerusalén, Judea, Samaria y en todo el mundo
conocido (Hch.1,8). Permitamos que ese mismo poder inunde nuestras vidas, no solo
para recibir esta nueva alianza, sino también para animarnos y seguir siendo sus testigos
fieles en nuestro contexto y donde sea que vayamos. Celebremos este nuevo pacto que
comienza con la pascua de Jesús y se consolida en nuestro pentecostés.

BIBLIOGRAFÍA
Balz, Horst. (2005). Diccionario Exegético: tomo I. Salamanca: Sígueme.
Brown, Raymond. (2002). Introducción al Nuevo Testamento. Madrid: Trotta.
Deiros, Pablo. (2005). Historia del Cristianismo. Buenos Aires: Ediciones del Centro.
Equipo “Cahiers Evangile”. Los Hechos de los Apóstoles. Navarra: Verbo Divino.

 

Autor: Omar Carmona.